
Sophie Calle, Letter B from ”B, C, W” (1998) Museo Nacional de Arte Moderno, Tokyo
Existen tres géneros del arte: Clásico, Moderno y Contemporáneo. Todos conviven hoy en día y no, no es una clasificación cronológica.
Empecemos por el principio: no existe un solo mundo del arte de la misma forma que no existe ninguna institución que legitime qué y qué no es arte. La polémica no es una cuestión de valoración estética (o de gusto); se basa en cuestiones de clasificación (¿es o no es arte?) o de integración (¿se puede aceptar o no?). Eso sí, el sentido común (aka Personas No Especialistas) tiende a descalificar.
“No podemos criticar a la brava; tenemos que entender qué está pasando” es el consejo sabio de Nathalie Heinich. Su propuesta no es una teoría, más bien es una observación empírica de las instituciones que compran arte y/o apoyan al artista.
- El Arte Clásico: Sobre todo respeta la figuración. Se encuentra en galerías fuera de las grandes capitales y el éxito de los artistas suele ser local.
- El Arte Moderno: Comparte algunas características con el Arte Clásico como el soporte o los materiales tradicionales pero refleja la interioridad del artista. Me refiero a esa necesidad de ser auténtico y la visión del mundo subjetiva… ¡qué no debe ser confundida con la originalidad! R. B. Kitaj, Roberto Mata, Lucian Freud…
- El Arte Contemporáneo: Pone en duda el concepto de interioridad-autenticidad (Monocromías y Antropometrías de Yves Klein) y no respeta los materiales ni las disciplinas tradicionales. Cuestiona el arte… ¡Miento…! Lo transgrede. Transgresión moral (Andrés Serrano); transgresión de lo jurídico (Sophie Calle); transgresión del buen gusto (Piero Manzoni); transgresión de los muros físicos de los museos (Land art). Y muchas más perversiones.
Esta clasificación por fin desenmascara esa oscura y absurda jerarquía que enfrenta a mi madre (o de la de Juanjo Sáez) con un gafapasta cualquiera; ambos son personas no especialistas que apelan al sentido común.
Actualmente se privilegia al género Contemporáneo con la acción legitimadora de las instituciones. De ahí el éxito reducido del arte Clásico… ¡porque las instituciones no lo integran! Este alejamiento del mundo de la sociedad por parte del mundo del arte se resume con una palabra muy fea: ensimismamiento.
Si no se reacciona es porque no se ha transgredido; y si no hay reacción no hay integración. Nathalie Heinich lo explica en su libro “El triple juego del arte contemporáneo” que está en francés y que nadie ha traducido aún (“Le triple jeu de l’art contemporain”. Sociologie des arts plastiques, Paris, Éditions de Minuit, 1998). También merece la pena leer “Para terminar con la querella del arte contemporáneo”. No, tampoco está traducido (“Pour en finir avec la querelle de l’art contemporain”, L’Échoppe, 2000).
Por cierto, todo esto lo cuento a propósito de las instituciones que aprecian la transgresión de los derechos de los animales cuando apoyan al tal Guillermo “Habacuc” Vargas.


